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TRADUCCIÓN AUDIOVISUAL

La variedad de temas a los que se enfrenta el traductor audiovisual y la necesaria adaptación de referencias culturales la convierten en una rama singular de la traducción. Haber vivido en varios países, por la profesión de mi padre, no sólo me sirvió para aprender idiomas, sino lo que es más importante para un traductor, conocer otras culturas.

Me considero afortunada por dedicarme a una profesión freelance. Me gustan todas y cada una de las tareas que exige, documentarme, traducir, crear glosarios, archivar, relacionarme con mis clientes, llevar la contabilidad e incluso presentar las declaraciones trimestrales de Hacienda. Todo ello hace que me sienta una solitaria mujer orquesta. Sin embargo, desde el otro lado del monitor, entro en contacto con multitud de personas, clientes y compañeros de profesión, con quienes comparto mi amor por este trabajo. Un trabajo sin duda creativo y estimulante, aunque también en la sombra, pues, como se suele decir “la mejor traducción es aquella que no parece una traducción”.

Ese es mi empeño, interpretar y adaptar a nuestra cultura obras audiovisuales que, en principio, se crearon para un público bien distinto, pero con un objetivo universal, entretener, informar, divertir o conmover.


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